A partir de enero de 2017, según anunció oportunamente el Banco Central, la política monetaria argentina empezará a funcionar bajo un régimen de metas de inflación. En su presentación el BCRA anunció que mediante este nuevo sistema buscaría cumplir con el mandato explícito de su Carta Orgánica, de “promover la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”. A pesar de ello el anuncio solo explicita metas para la tasa de inflación y no hace ninguna consideración respecto del resto de los objetivos.

A partir de 2017 Argentina se incorporaría al grupo de alrededor de 30 países que implementan una política monetaria en base a metas de inflación, que incluye, entre las economías latinoamericanas, a Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, Perú y México. Este enfoque fue implementado por primera vez en Nueva Zelandia en 1990 y fue luego adoptado por el Banco de Inglaterra unos años después.

La idea central en la que se basa esta manera de conducir la política monetaria es muy sencilla. El banco central fija una meta de inflación, si la tasa de inflación observada es mayor a la meta, sube la tasa de interés a fin de que esto de lugar a una contracción de la demanda y de esta forma el aumento de los precios se desacelere hasta llegar al umbral deseado por la autoridad monetaria. En el caso contrario, si la inflación está por debajo del objetivo, el banco central disminuye la tasa de interés buscando el efecto opuesto. Es interesante destacar que el esquema de metas de inflación no es una teoría, sino una herramienta de política monetaria de los bancos centrales, tal como en otros momentos fue la fijación de objetivos de crecimiento de la cantidad de dinero o el mantenimiento del tipo de cambio.

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